14 abril 2007

Devocionales Vivencia - Proverbios 13:24 NVI


“No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”. Proverbios 13:24 NVI

Muchas veces cuando los padres disciplinamos a nuestros niños, ellos luego nos dicen llorando que no los queremos más.

¡Y nosotros como padres nos sentimos mal!

¿Te ha pasado esto alguna vez?

Así como para nuestro Padre celestial muchas veces es necesario que nosotros sus hijos seamos corregidos, lo mismo sucede con nuestra función de padres terrenales.

Hay padres que se jactan diciendo que ellos nunca han disciplinado a sus hijos, haciendo sentir mal a aquellos que acostumbran hacerlo.

La Biblia es bien clara al respecto y en este día nos dice que si detenemos el castigo significa que aborrecemos a nuestros hijos.

Es bueno aclarar que la palabra castigo no se refiere a torturar ni dañar física o mentalmente a nuestros hijos, esa no es la clase de disciplina que enseña la Biblia.

El mismo pasaje nos da la respuesta al mencionar la palabra corrige.

Castigar por castigar no trae ningún resultado positivo, en cambio el castigo o disciplina que se da para corregir, es productivo.

Esa debe ser la intención inicial y final de un padre que disciplina a sus hijos.

Si has sido violento con ellos, pegándoles para desatar tus propios nervios, es necesario que hagas un alto y decidas no seguir en esa línea de violencia familiar.

Busca al Señor y arrepiéntete por dar violencia a tus hijos, en vez de sabia corrección.

Luego, habla con tus hijos y pídeles perdón por haberte excedido en tu función de padre.

Esta acción parece humillante y en parte sí lo es, pero servirá para que tus hijos vean en ti a un verdadero hijo de Dios que está dispuesto a corregir lo malo que está haciendo y a un padre que quiere darles la mejor disciplina.

¡No dejes para mañana lo que puedes empezar a hacer hoy!

Amén.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Share

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More