
“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad”. Gálatas 5:22 NVI
El resultado de recibir a Cristo y ser un hijo de Dios, es que recibimos la presencia del Espíritu Santo para poder vivir como Dios quiere.
Venimos de un reino de tinieblas donde los patrones de vida eran pecaminosos, errados y sucios a un reino donde la característica es la santidad.
El trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas, posterior a la salvación, es producir el fruto del Espíritu Santo.
Observa que la Biblia no dice “frutos” (plural) sino “fruto” (singular).
Es como un racimo que tiene muchas uvas.
El fruto del Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas es, en síntesis, vivir y manifestar hacia otros el carácter de Cristo.
La única manera de poder vivir interiormente y demostrar externamente amor genuino, gozo perdurable, paz inmensa, paciencia, benignidad, bondad hacia los que nos hacen mal, fe inconmovible, mansedumbre y templanza, es gracias a la ayuda de Dios.
La presencia del Espíritu Santo siempre exalta a Cristo y lo ubica como el centro de atención y adoración.
Es por eso que necesitamos cada día más de la presencia de Dios.
Ella nos ayuda a cambiar nuestro carácter y producir el de Dios, nos ayuda a exaltar a Cristo como el Señor de nuestras vidas y del universo.
Amén.









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