07 mayo 2007

Devocionales Vivencia - Salmo 63:1 NVI


“Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta”. Salmo 63:1 NVI

La mayoría hemos visto alguna vez una película donde uno de los personajes se encontraba en el desierto buscando un oasis para beber agua.

La imagen mostraba al hombre con una sed intensa que le consumía, debido al calor reinante en dicho lugar.

El pasaje de este día es una figura similar a la del personaje en el desierto.

Su ser interior ardía de sed, no de agua potable sino del agua de vida de la presencia viva de Dios.

Experimentar sed espiritual es un síntoma de tener vida espiritual.

A veces tenemos varios años de cristianos y nos hemos amoldado a una forma de cristianismo religioso, donde pareciera que nada nos conmueve y que aún la relación con Dios fuera algo lejano y ritual.

Carecemos de verdadera sed espiritual.

La sed espiritual siempre nos guía a buscar con desesperación la presencia del Espíritu Santo para ser saciados constantemente y cada día.

El pasaje de Efesios 5:18 que dice…

“… sed llenos del Espíritu Santo”.

En el idioma original griego significa ser llenos continuamente.

Así como nuestra sed natural es continua y buscamos algo fresco para beber y saciarnos, nuestro espíritu tiene otra clase de sed, por cierto, más profunda, que sólo puede ser saciada por el Señor.

La medida de nuestra sed espiritual es la medida de nuestro nivel espiritual con Dios.

¿Tenemos realmente sed del Dios vivo?

Amén.

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